
Portada del disco.
Nunca olvidaré la nota que leí tras la muerte de Layne Staley, quien se enganchó a la heroína por su padre, un junkie que lo abandonó cuando era niño y regresó a su lado al saber que su retoño era famoso. Se lo llevó al abismo y dejó que se lo cargara el payaso. Es difícil no pensar que Alice in Chains juega con nuestros sentimientos al abrir su nuevo disco con ‘All secrets known’ y ‘Check my brain’, donde la voz de William DuVall imita a Staley (aunque debe quedar claro que el motor creativo y la banda completa descansan en los hombros de Jerry Cantrell), aunque no dejan de ser excelentes rolas, donde se retrata ese ambiente perturbado y esquizoide (que hicieron grande su disco ‘Dirt’ de 1992) que ninguna banda explora con esa profundidad. El disco peca de complaciente con algunas baladas, pero ‘A looking in a view’ y en especial ‘Private hell’ (canción para cortarse las venas) retratan ese estado de abandono perpetuo que invariablemente seduce. El disco pasa de panzazo a oídos críticos, pero es Alice in Chains (¿pero que no podían salir con otro nombre?). Bueno, nada más.



Charla
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