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Tocaron fondo: hacer una canción con los títulos de sus canciones al más puro estilo de las cartitas de amor para la novia de la secundaria (‘Quinto patio ska’) es ridículo, pobre, antiestético, falto de sentido común (“Trabajo en un supermercado, conozco a Rafael, el amigo de Carlos. Y a diario veo volar al patineto…”).
Lo entiendo: Maldita juega a mezclar el estilo sonidero con el soundsystem jamaiquino pero mal ecualizado. Trazan una ruta verborreica llena de panfletos políticos en ‘El país de no pasa nada’. Su lenguaje se oye agotado en los gritos de marcha estudiantil, dan flojera a pesar de tener ritmo. Es triste escuchar la pobreza en las figuras de guitarra (¿ni un solito Pato, ni un atrevimiento?). Vamos, como estarán las cosas que los dos temas destacados de ‘Circular colectivo’ son instrumentales y descansan en las notas de Sax en ‘Danza lunática’ y los teclados en ‘Don Ernesto y su Jamaica Sound’.
Maldita Vecindad perdió chispa, su empeño en retomar sonidos africanos y mezclarlos muy a fuerza con polka, son, cumbia es inevitablemente un autoplagio y ni qué decir de las letras que los hacen sonar viejos. Ya se esperaba que tras diez años sin disco la banda estuviera fuera de forma y sonara como si se les hubiera ido el tren y no se dieron cuenta, pero es demasiado. Adquiéralo bajo su riesgo.



Charla
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