Archivo Charrocanrolas 2

En 2006 el escritor Xavier Velasco dio la única entrevista sobre la ruptura de Caifanes, que él vivió de cerca, que cumplía una década en ese entonces. La charla permaneció inédita hasta que Charrocanrolas la publicó en 2011, desde entonces todo mundo la copió y se la pirateó, pero esta es la original. Este jueves Caifanes se presenta en el Auditorio Telmex. Aquí la segunda parte.

Caifanes: Una banda de furia, odios y traiciones

Segunda y última parte

Cuenta Xavier Velasco que comenzó a viajar con Caifanes, pero a la llegada de su manager Marusa Reyes comenzaron a darse limitaciones y presiones por todos lados. Lo que comenzó como una gran fiesta se convirtió en una responsabilidad.

“Viajaba poco con ellos porque ella (Marusa Reyes) decía que era mala influencia para los músicos. En Medellín llegó a decirme que no me llevara a Saúl. ‘Aquí hay 55 muertes violentas por fin de semana, tú eres responsable si algo le pasa’. Sí, sí y me llevé a Saúl. La banda creció mucho, había presiones en la disquera, las responsabilidades de cuando las cosas crecen”, reconoció el autor de Diablo guardián.

 

El ego maltratado

En la memoria de Xavier Velasco hay un registro de cómo cambiaron las cosas en Caifanes después del éxito; sus integrantes tuvieron cada vez menos tiempo para lo que el escritor define como “la vida loca” y fue testigo de cómo la relación entre Saúl Hernández y Alejandro Marcovich se desgastó al grado de ser insoportable para todos.

“En 1994 y 1995 Saúl ya no quería estar en la banda. Cuando iba me decía ‘me voy en tu coche, no quiero ir con Alejandro en la camioneta’. Había mucha tensión, mucho odio”, recordó el autor, quien atribuyó esos roces a que Marcovich nunca perdonó a Saúl. Llegó a la banda y ya tenía rencor. “Muchas veces me dijo varias cosas de su inconformidad. Alejandro sentía que no fue suficientemente remunerado, que Saúl tenía todo el reconocimiento y él nada. Él tenía un ego maltratado”, subrayó.

Previo a la ruptura de la banda en 1995, se vivieron días de tensión, de insultos, de odio. Velasco describió esos días.

“Se llegaron a insultar. Veníamos en el autobús y el aire podía cortarse con cuchillo. Alguna vez Saúl le dijo a Alejandro ‘ya corriste a Sabo, a Diego ¿a quién más quieres correr?’ Alejandro alguna vez le dijo: ‘nuestros músicos invitados serán parte de la banda, no van a crecer las alimañitas que crecieron con Diego y Sabo’. Una vez que llegó a la banda, Alejandro se instaló y se consideraba más caifán que algunos Caifanes y pagó por eso. Decía que los músicos mexicanos no sabían  tocar. Siempre fue un tipo muy sincero, muy visceral, sus explosiones las pagó él”.

 

Los ejecutivos

En la historia de las traiciones al interior de la banda hay un elemento que jugó un papel fundamental: el dinero. Xavier Velasco afirmó que el interés acabó con la espontaneidad musical.

“Alejandro se dejó de divertir, quería hacer proyectos solistas, pero estaba muy celoso y tenía miedo, le importaba demasiado en futuro, pensaba mucho en números. Nosotros no pensábamos en nada, sabíamos en un nuevo día y si íbamos a estar vivos o no”.

Una de las cosas que más lamentó Xavier Velasco es la decisión de Diego Herrera, quien fue el primero en abandonar Caifanes para dedicarse a trabajar en la disquera del grupo. Retomó su relación con Saúl Hernández y Alfonso André para la gira del disco 45 (2008) de Jaguares. El tecladista y saxofonista, muchos años después de la separación de Caifanes, editó el disco La historia, sin autorización del grupo.

“Diego se salió para meterse de ejecutivo de la disquera  y convertirse en su cómplice y putear a los Caifanes, eso le hizo mucho daño. Diego, era otro tipo de persona que los regañaba porque no habían pagado sus impuestos, pensaba más. Diego y Alejandro eran los ejecutivos de la banda. Cuando Alejandro dejó de divertirse, comenzó a cargar el portafolio (su guitarra), Diego también. Sabo se salió porque no soportaba verlos cargar el portafolio, emocionalmente no estaba dentro, fue muy honesto. Sabo y Alfonso se detestaban, pero había respeto, a veces se llevaban bien, había una situación de rivalidad, algo muy sano para el sonido de la banda”, afirmó Velasco.

 

Furia y odio

“A Caifanes lo dominaba la furia. Era una banda de furia, pero así como llegaban odiándose al escenario, al final de los conciertos se amaban y se abrazaban, eran una bola de hermanos peleados entre sí todo el tiempo”, consideró el escritor y recordó que una y otra vez Saúl Hernández mostraba su inconformidad por la actitud de Alejandro Marcovich, quien en mucha ocasiones lanzaba reproches.

“(Marcovich) me decía ‘tu amigo nunca entenderá nada de música ni de letras, ya es muy tarde para que le enseñen’. Un día, en un concierto por la estación del metro Indios Verdes en México, Saúl se subió a mi coche y me dijo ‘ya no soporto a la gárgola podrida, déjame subirme contigo’. Empezó a existir una animadversión total. No entiendo cómo a Alejandro lo tomó por sorpresa que Saúl le dijera que ya no quería tocar con él, estaba anunciadísimo. Saúl es un tipo que miente poco, tomó la iniciativa, cuando se desespera se va a los madrazos, tiene reacciones animales, es una fiera, pero es muy humilde, acepta la opinión de otro”.

Finalmente llegó el día de la separación de Caifanes el 18 de agosto de 1995 en San Luis Potosí. Xavier Velasco decidió no presenciar la despedida de la banda.

“Le hablé a Saúl y le dije que no iría al concierto, que no sabía qué pasaría, pero que mi imagen de la banda era mucho mejor. Me dijo ‘gracias que no quieras ir a esa mierda. Soy el que menos quiere ir, cuando vuelva te cuento’, me dijo”, afirmó Xavier Velasco.

 

La voz y el dinero

Antes de ese último concierto, Saúl Hernández comenzó a tener problemas con la garganta. En 10 años se realizó 27 operaciones para curarse por nódulos, pero la cifra aumentó a más de 40 cirugías dos décadas después.

“La enfermedad de Saúl cayó en el último año de la banda. Saúl iba camino al quirófano y Alejandro le iba diciendo ‘es que los ingresos, el dinero’. Saúl hizo que se lo hicieran a un lado. Hay una historia de fuerza y de dolor que fue muy poco vista. Sólo se preguntaron si Saúl seguía o no. Esa lucha de Saúl llorando, cantando sus canciones antes de entrar al quirófano porque tal vez sería la última vez que las cantara y haciendo chistes sobre el cáncer en la garganta, aunque no tenía eso, fue una historia privada”.

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