La piedra en el zapato llamada Odio a Botero

La banda de punk colombiana Odio a Botero ha sido una piedra en el zapato de los políticos y la sociedad colombiana desde hace 17 años. Lanzaron su nuevo disco llamado “Bardo” con incisivas críticas. La llegada del gobierno conservador a su país, supone mucho material para alimentar su rabia.

 

en el Mundial de Rusia, le bastaron tres minutos a la selección de Colombia para romperle el corazón a los hinchas de su país: un defensa cometió mano en el área, fue expulsado y Japón anotó el primero de los dos goles con los que derrotó al equipo sudamericano.

En esos mismos tres minutos, podrían haberse escuchado dos canciones de la banda punketa colombiana Odio a Botero.

A la banda integrada por René Segura, Jaime Angarita, Alejandro Pinzón y Gabriela Ponce le bastarían tres minutos para destrozar al gobierno, poner a bailar slam, hablar de la intervención de Estados Unidos en Colombia y criticar a la policía, en dos o tres canciones

Odio a Botero es una piedra en el zapato desde que inició su trayectoria en el 2001. Su nombre es una crítica a uno de los símbolos culturales colombianos, Fernando Botero, el autor de las esculturas regordetas de gran formato que están regadas por el mundo.

Su música subversiva ha creado una religión entorno a la banda, que tomó un descanso en 2010, regresó en 2013 y un año después integró a Gabriela Ponce a la banda. El año pasado lanzaron Bardo, su primer disco desde 2007, el cual marca su renacimiento.

“En Bardo se ha renovado el sonido, es más experimental y viajado. Ayudé a escribir la canción 255 pasajeros de Bardo (una historia de seis minutos sobre un avionazo), que es un disco en el que se cierra un periodo de la banda”, explica Gabriela, quien define a Odio a Botero como subversivo y elástico, capaz de recibir nuevos contenidos.

Bardo es un disco con temas atmosféricos, a veces pesado, a veces vertiginoso, sin dejar su lado político. Cada vez que actúan en vivo, René Segura se transforma en un candidato a la presidencia y entre canciones, hace promesas y críticas.

“Siempre en la banda buscamos tener un discurso sólido, aprovechamos la atención del momento para dar otra visión de la política, es como una columna de opinión entre canciones que invita a pensar. Desde 2006 me convertí en un candidato a la presidencia ficticio. En Colombia no hay bandas políticas y Odio a Botero queda como la más política porque hablamos del fallido proceso de paz en Colombia y lo que estamos viviendo”, explica René Segura, quien al momento de la entrevista no imaginaba que la derecha volvería a gobernar Colombia al ganar las elecciones Iván Duque. A Odio a Botero le esperan más años de alimentar su rabia punketa.

Tiempo de recreación

En un documental realizado a Odio a Botero con motivo de su 15 aniversario, hay evidencias del costo que ha pagado la banda por tener la lengua suelta.

“Ahí se muestran las consecuencias cuando se tiene el disenso en Latinoamérica, donde levantar la mano para señalar a un político es generar una reacción, hay violencia. No ha desembocado en una persecución, pero se siente algo”, expresa René Segura.

Gabriela Ponce afirma que por encima de todo, la banda está enfocada en cerrar un periodo musical y abrir un nuevo espectro para generar nuevos públicos.

“Hay muchos deseos de hacer música nueva y todos seamos creadores de ella, esperamos que dialécticamente lleguemos a un buen ejercicio de discusión que es necesario para nosotros y para el país. Estamos en un nuevo nacimiento”, reconoce la vocalista.

La transformación de Odio a Botero sucede en medio de un cambio en la escena roquera colombiana, que comienza a desarrollar su propia identidad y estética para despegarse de sus vínculos con el rock anglosajón.

“Es necesario trascender esas formas musicales e ideológicas que se han desarrollado alrededor de los géneros, es importante que la estética se renueve. Va ahora mucho a la fusión, lo experimental, la poliritmia, el reencuentro con ritmos que tienen potencial de ser revisados históricamente y ser rocanrol. El rocanrol anglo nos dejó una instrumentación, una actitud escénica y una forma de tocar, pero está por recrearse”, afirma confiado el bajista Alejandro Pinzón.

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