Las cuatro dimensiones de King Crimson

Con más de dos horas de concierto, 19 temas, destellos de genialidad, generosidad y entrega absoluta, King Crimson celebró su 50 aniversario en Guadalajara. El primero de los dos shows en la ciudad, este lunes, fue mágico. Esta noche, vuelven a subir al escenario del Teatro Diana.

Las cuatro dimensiones de King Crimson

FOTOS: Teatro Diana/ Yorch Gómez

 

Nueve horas antes de subir al escenario del Teatro Diana, uno de los tres bateristas de King Crimson, Gavin Harrison, recordó en entrevista con Charrocanrolas que el guitarrista Robert Fripp le llamó para ser parte de la banda le confesó que nunca había sido fan de King Crimson.

“Robert me dijo ‘Puedes tocar lo que sea, menos algo aburrido’. Soy el único que nunca creció con King Crimson, cuando Robert me invitó a ser parte del grupo, vino a mi casa y le confesé que no conocía sus canciones, que sólo tenía el disco Three of a Perfect Pair (1984) en vinilo, pero no tenía dónde tocarlo. Me dijo ‘¡Fantástico! Porque no quiero que toques lo mismo que otros hicieron antes, quiero algo completamente nuevo y fresco’. Nunca fui fan de King Crimson, creo que le gustó que se lo dijera”, afirmó el músico, pero al ver la articulación que logra con Jeremy Stacey (batería y teclados) y Pat Mastelotto (batería), parece que hubiera nacido para ser parte de la banda.

Las reglas estrictas del paraíso

La noche de este lunes 26 de agosto, King Crimson ofreció en el Teatro Diana el primero de dos conciertos en Guadalajara como parte de su gira por el 50 aniversario del grupo creado por Robert Fripp. Lo que hizo la banda inglesa rayó en lo histórico.

La seguridad fue estricta: nada de grabación con teléfonos celulares, incluso en el intermedio de 20 minutos. Con carteles en el escenario advirtieron que una fotografía podía conseguir que un asistente fuera desalojado del recinto. Pero nada se hizo con la innumerable cantidad de seguidores que llegaron con 1, 20 o hasta 40 minutos de retraso.

A pesar de todo, King Crimson realizó su ritual y desde las primeras intervenciones de los tres bateristas colocados frente al escenario, dejaron claro que la experiencia sería multinivel. La velada arrancó fuerte con Hells Hounds of Krim, que arrancó los primeros gritos emocionados de los fans.

King Crimson mostró su primera dimensión, evidente, la disposición del escenario rompió con lo tradicional, Harrison, Mastelotto y Mastelotto al frente, Robert Fripp rodeado de teclados, computadoras y su guitarra posada en sus piernas, Jakko Jakszyk (guitarra y voz) de lado derecho del escenario visto de frente, discreto. Tony Levin (bajo), al centro y Mel Collins (saxofones y flautas) en el extremo opuesto a Fripp.

La plasticidad de la puesta en escena, la segunda dimensión, se complementó con una iluminación cálida sobre los músicos y un fondo azul para evitar distractores, pero también para evocar una atmósfera astral.

Sonaron los clásicos Red y Epitaph, que a pesar de poner la mesa para el coro del público, fue recibida con asombro. Los fans la escucharon absortos, inmersos ya en irrefrenables oleadas de texturas correctamente apreciadas por la inmaculada sonorización del recinto.

Tercera y cuarta dimensión

Los siete músicos en el escenario construyeron la tercera dimensión de King Crimson con innumerables texturas de guitarra, pasaron por la esquizofrénica psicodelia Lark’s Tongues in Aspic (Part IV) y el frenesí de Discipline y con Cirkus y Drumzilla, dejaron claro que los tres bateristas no son una extravagancia, sino la sincronía y las arrebatadas intervenciones solistas, construyen un ritmo que ofrece un efecto de profundidad al articularse Stacey, Mastelotto y Harrison en una estructura no lineal, inquietante e hipnótica.

En la segunda parte del set de 19 temas, el clímax llegó con las intervenciones solistas en medio de Moonchild. Los siete músicos, además, tejieron una obra progresiva, en el más amplio sentido de la palabra, al tocar Starless, con la cual se despidieron por primera vez.

Gavin Garrison confirmó que en la actual alineación de King Crimson no hay egos, como lo aseguro en alguna ocasión Robert Fripp.

“En muchas bandas los egos son destructivos, general celos, envidias y sentimientos negativos, nunca son buenos y nunca son suficientes, no te satisfacen, son como un monstruo”, consideró.

En vivo, los integrantes de la banda fueron generosos, guardaron silencio mientras no era su turno, se escucharon, se hicieron señas, le dieron sentido a la palabra “play” que significa jugar y tocar. Al llegar al cierre del show con The Court of the Crimson King, el público ya los había ovacionado un par de ocasiones. La cuarta y definitiva dimensión de King Crimson inició con la piel erizada de quienes los escucharon y que se fueron de viaje por más de dos horas a un mundo que no conocían pero que los trasladó esa virtuosa pero nada pirotécnica música del rey de 50 años que hizo su magia, maravilló a sus súbditos, los elevó y los volvió a depositar en la puerta de esa cuarta dimensión destinada sólo para los creyentes que dilataron sus pupilas al pintarse el escenario con una iluminación carmesí en la recta final del show. Ese fue el color del paraíso sonoro.

Este martes 27 de agosto, King Crimson regresa al Teatro Diana a las 20:30 horas. Los boletos van de $480 a $1,980.

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