Mon Laferte: Un alma vieja en el cabaret

La cantante chilena abarrotó el Auditorio Telmex de Guadalajara. Diez mil fans se reunieron a escucharla. Entregó una sesión de ritmos bailables en un ambiente de cabaret y toda las canciones que la gente quería escuchar. Por casi dos horas, Mon Laferte mostró todas sus facetas.

Mon Laferte: Un alma vieja en el cabaret

FOTOS: Auditorio Telmex

Si en los discos La Trenza (2017) y sobre todo en Norma (2018), los ritmos caribeños parecían desarticulados, disparatados y descabellados, en vivo, Mon Laferte justifica y da sentido a los caminos que ha elegido explorar.

Anoche, la cantante chilena abarrotó el Auditorio Telmex con 10 mil incondicionales fans, de esos que todo cantan y perdonan.

Lo que experimentó el público fue un show de cabaret, diseñado para teatros, donde la cantante fue construyendo un show con todas sus facetas. Del drama inicial de Tormento y Antes de ti, mostró su influencia de Marlene Dietrich en la interpretación de Por qué  me fui a enamorar y ronroneo, arropada por su banda que sirvió,  por momentos, como cuerpo de baile al estilo de Marilyn Monroe en la cinta Ellos las prefieren rubias.

Del cabaret europeo pasó al estilo Selena Quintanilla en Cumbia para olvidar y Caderas blancas. Mon Laferte baila, seduce y por lo menos anoche, dejó ver su influencia asiática con un atuendo al estilo del animé japonés, incluso jugó con la imagen inocente de una pin up, en la última parte del concierto.

Mon habló poco y cantó lo necesario. Su show lo construyó por momentos de balada romántica y hasta regaló un momento al estilo de la televisión musical  al invitar a una fan a cantar Amor completo y que curiosamente sabía microfonear, hacer segunda voz y tenía claras sus entradas y salidas, pero que surtió el efecto anímico calculado. Al cual siguió Cielito, que la cantante interpretó sentada entre el público.

Los casi 120 minutos de show de Mon Laferte están cuidados, casi cronometrados, con poca estridencia, sin arrebatos roqueros (salvo el ska-swing No te fumes mi marihuana) y con un aire sesentero, incluso su banda ejecutó Sleepwalk (1959), un instrumental que hicieron popular los guitarristas Santo y Johnny.

Incluso Mon tiene el atrevimiento de hacer un set con boleros, de El Cristal, pasando por Funeral hasta la rítmica Alguna vez, donde la cantante demostró su carácter de alma vieja o de una mujer que simplemente reproduce la música  que escuchó junto a su abuela, que sigue acompañándola consciente e inconscientemente.

Son, cumbia, bolero, swing y ska redondearon el show de Mon Laferte, quien aspira a ser la cantante total de música popular, lejos de sus exabruptos  casi lo consigue. En medio de un ambiente dominado por lo urbano, en vivo deja clara su tarea titánica de sumergir al público en un sonido viejo que resulta refrescante, porque no suena a este tiempo.

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